lunes, 22 de noviembre de 2021

Hablar con desconocidos nos hace bien...

 Para muchas personas, hablar con un desconocido resulta poco habitual o quizás incómodo. No obstante, incluso una breve conversación con un desconocido aumenta la sensación de bienestar.

No hables con extraños. Es lo que quizás nos decían de chiquitos… Sin embargo, en ocasiones olvidamos algo muy simple: muchos de los que ahora son nuestros amigos e incluso pareja fueron, no hace mucho, completos desconocidos.

No importa que no volvamos a ver más a esas personas. No pasa nada si después de ese diálogo puntual, no nos damos los números de teléfono. Esa charla breve, y a menudo frugal, construye lo que los expertos denominan como EL PODER DE LOS LAZOS DÉBILES. Y, en efecto, son muy sanadores… 

Hablar con desconocidos es bueno para nuestro cerebro, lo negativo es que cada vez lo hacemos menos. En nuestros mundos regidos cada vez más por el universo digital, no es sencillo levantar la vista de las pantallas para dejarnos atrapar por lo imprevisto. Por esa persona sentada a nuestro lado en el bondi, por ese alguien que se nos cruza preguntando dónde queda tal calle…

Ahora apenas preguntamos nada porque todas las respuestas están en el celular. Es más, según un estudio de la Universidad de Georgetown, hasta hemos dejado de sonreír a los desconocidos. El hecho de no mirarnos a la cara cuando andamos por la calle al estar más pendientes de nuestro celular, ha disminuido este tipo de gesto social tan mágico con los extraños.

Pero ahora bien, quiero centrar esta publicación en justamente “El poder de los lazos débiles” que mencioné antes, ¿lo recuerdan? Jajaja… Estoy loco, quizás, aunque solo un poco.

Cuando me refiero a lazos débiles  me refiero  a contactos sociales puntuales con quienes no mantenemos una conexión especialmente íntima ni significativa.

A menudo necesitamos salir o ir más allá de ese escenario constituido por nuestros “lazos fuertes”. Hablar con quien nos  vende el pan, con la chica del supermercado, con el cartonero  o con el chico que es vecino de la misma cuadra y que vemos muy de vez en cuando, etc., siempre es agradable.

Los lazos débiles nos permiten tener otro tipo de diálogos más relajados que resultan estimulantes y gratificantes. Son experiencias no solo positivas, sino también necesarias para nuestro bienestar psicológico creo.

El ser humano es un ser social y nuestros cerebros son el resultado de una evolución que ha partido siempre de la conexión entre nosotros. Las personas formamos grupos para convivir, protegernos, intercambiar información, emociones, experiencias… Así, cuando hablamos de “conexión” es común visualizar al instante a la familia, los amigos, pareja, etc.

Sin embargo, conectar con desconocidos durante un instante, también revierte en nuestras estructuras cerebrales. En ocasiones, nos sentimos incluso más libres y cómodos hablando de ciertas cosas con alguien que no forma parte de nuestro entorno. Ese breve instante es catártico para liberar el estrés. Si si… así como leyeron. Jajaja…!!!

Asimismo, también se da otro hecho y es el de la “novedad”. Hay desconocidos que actúan como estímulos para nuestra mente; de pronto nos sentimos escuchados, atendidos y hasta comprendidos. Esa experiencia nueva se vive de manera intensa y nuestro día mejora de manera notable.

Por último, y no menos importante, hay algo que debemos considerar: todo “extraño” puede llegar a convertirse en alguien importante en nuestras vidas… ¿No lo creen? 

Como decía William Yeats: “No hay extraños aquí, solo amigos que aún no has conocido”.

¿Ustedes que piensan, que creen…? 

Los estaré leyendo…


Me despido por hoy dejando como siempre un abrazo y un deseo…

Buena vida, buena ruta.

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